Lavados y Alimentados · Parada 3

¿Por qué confesamos nuestros pecados, y qué pasa cuando lo hacemos?

Todos cargamos cosas que quisiéramos no haber hecho. Guardarlas adentro puede pesar mucho. Hoy vas a descubrir por qué los luteranos las dicen en voz alta, y cómo se siente que alguien te diga, en el nombre de Dios: “Tus pecados están perdonados”.

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Perdonados en voz alta

Lutero dijo que la confesión tiene dos partes. Primero, decimos la verdad sobre nuestros pecados. Segundo, escuchamos el perdón, y la segunda parte es la que más importa. La palabra para ese perdón es absolución.

Muchos cultos de la ELCA empiezan así. Todos confiesan juntos, muchas veces en voz alta, y luego quien dirige el culto anuncia el perdón de Dios a todos los presentes. Lutero también valoraba la confesión privada, y algunas congregaciones la ofrecen. Si tienes una iglesia, pregúntale a un líder qué hacen ahí.

Después de resucitar, Jesús sopló sobre sus amigos y les dio el Espíritu Santo. Les dijo que perdonaran pecados en su nombre. Lutero llamó a esto el Oficio de las Llaves: la iglesia tiene las llaves que abren la puerta al perdón.

La confesión es para tus propios pecados. Si alguien te está haciendo daño, eso no es un pecado tuyo que debas confesar, y no es un secreto que debas guardar. Cuéntaselo a un pastor o una pastora, un líder u otro adulto de confianza.

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La confesión, del Catecismo Menor de Lutero

¿Qué es la confesión? La confesión tiene dos partes: una, que confesemos nuestros pecados; la otra, que recibamos la absolución, es decir, el perdón, del confesor como de Dios mismo, y que no dudemos, sino que creamos firmemente que por ella nuestros pecados quedan perdonados ante Dios en el cielo.

¿Qué pecados debemos confesar? Ante Dios debemos reconocernos culpables de todos los pecados, aun de los que no conocemos, como lo hacemos en el Padrenuestro. Pero ante el confesor debemos confesar solo los pecados que conocemos y sentimos en el corazón, y que nos inquietan.

Palabras para saber

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